Es mucho más fácil de lo que pensáis. De vez en cuando existe un rayo de esperanza que nos ilumina en este duro camino.
Cuando pienso en aquellos veranos solo me sale una sonrisa. Aquellos veranos fueron mágicos. Allí fue donde conocí la felicidad en los pequeños detalles: las colas de caballa, las almendras fritas, los paseos por la ermita, Gabriel Miro para abajo y para arriba,… Después de muchos años creo que volveré allí. Estoy con ganas de regresar y volver a reencontrarme con todos los recuerdos que tengo.
En dos o tres semanas estaré de nuevo por aquella maravillosa tierra, el pueblo de la familia de mis antepasados.
A la vuelta os contaré que tal la experiencia. Por ahora os tendréis que conformar con mis divagaciones y mis idas de olla.
sábado, 6 de febrero de 2010
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2 comentarios:
tanto pueblo de la infancia y es gabriel miró no joan miró,mas memoria y menos cigarrods de la felicidad
es cierto, pede que estuviera equivicado, pero tiene justifificacion, estaba buscando obras de joan miro para un trabajo y se me escapo. lo siento si alguien se ha podido sentir ofendido.
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